sábado, 12 de diciembre de 2009

Lo que pasa al mezclar la plastilina

A la izquierda, colores puros. A la derecha, el resultado de mezclarlos.

Es Navidad desde hace varias semanas, como nos recuerdan los anuncios de la tele. Para muchas personas se trata de unos días entrañables y para otras, aborrecibles.

Si aceptamos que la felicidad de cada individuo no obedece al calendario, respetaremos ambas posturas y las que pudieran quedar en el medio (algunos se regocijan durante el día de la Epifanía pero detestan el día de los Inocentes; otros, gozando la Nochebuena se aburren en la Cabalgata; etc.).

Mi buen amigo Don Tenorio es de los que sufrían mucho en estos días. Recuerda, ya con risa, sus traumas infantiles, cuando pasaba las vacaciones lejos de sus amigos, reunido con sus familiares en un entorno frío y feo. Castigado a estudiar mientras los demás niños jugaban, y viendo con envidia cómo le gustaban más los regalos que estos recibían. Sabiendo quienes eran los Reyes Magos de verdad, pensaba que le tenían manía.

Lo que recuerda Don con más nostalgia es el Nacimiento. Esa simulación del portal de Belén que en su colegio se hacía con figuras de plastilina modeladas por las manos de los alumnos. De su relación con esta actividad nacieron una serie de reflexiones que le guían en la actualidad. Dice.

Respondía así en la hoja parroquial a un aficionado belenista que le pedía consejos:

P: ¿El color de la plastilina afecta a su comportamiento?
—Ya de bien pequeño observé que las pastillas de plastilina de colores distintos tenían propiedades parecidas pero no iguales. Algunas tendían a doblarse un poco, mientras otras eran más resistentes. Esto no lo apreciaba la mayoría de mis compañeros de clase, pero tampoco se metían en discusiones por esta cuestión. Daban por supuesto que para cualquier necesidad, todas las plastilinas podían hacer el mismo papel. Total, la exigencia no era mucha así que no había problemas por ello. Eran otros tiempos—.

P: ¿Es bueno mezclar colores?
—Cada color de la plastilina tiene una función y es recomendable mantenerlos puros, sin mezclarlos. El amarillo para el pelo de algunos personajes y para las cosas de oro. El marrón para los caballos y los pantalones de los pastores. El azul para la capa de algún Rey Mago y el traje del Ángel. El negro para el rey Baltasar y para alguna oveja, si sobrase plastilina... Etc.—.

P: ¿Qué es lo que menos te gustaba de confeccionar un Nacimiento en equipo?
—Cuando alguien sin habilidad para manejar la plastilina quería hacer una figurita, acababa mezclando los colores, dando como resultado una mezcla de tono parduzco que no servía para nada. El negarse a reconocer las limitaciones de cada uno hacía que se malgastasen recursos—.

Decía Don Tenorio en su conclusión final, que había 2 tipos de inútiles que mezclaban la plastilina: los que creían que el color no importaba, y los que eran tan torpes que aún sabiendo que no debía mezclarse, preferían manejarla ellos en lugar de delegar esa tarea en alguien que supiera gestionarla como Dios manda.